Un pájaro vivía en mí.
Una flor viajaba en mi sangre.
Mi corazón era un violín. Quise o no quise. Pero a veces
me quisieron. También a mí
me alegraban: la primavera,
las manos juntas, lo feliz.¡Digo que el hombre debe serlo!
Aquí yace un pájaro.
Una flor.
Un violín. (Epitafio de Juan Gelman)
Cada que recuerdo este poema, me siento muerto, pero me siento en paz
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No siempre el amor llega para quedarse. Muchas veces solo pasa por tu vida y se queda un simple instante, que marca tu vida para siempre. Y eso lo comprendí cuando el apareció en mi vida, cambiando mi mundo para siempre.