-Era extraño, pensó. Diluc conoce a un completo extraño de alguna forma ambos son sorprendidos por la lluvia y su hermano le presta su ropa a este extraño, no solo eso sino que prácticamente le había dejado la botella de vino para que Kaeya se sirviese el mismo. ¿Tan pronto estaba borracho o alguien le había lavado el cerebro a su hermano? Fue lo que se preguntó antes de que Diluc sirviese el dichoso té, nuevamente estaba esa indistinguible sonrisa en su cara. Kaeya se preguntó seriamente que era lo que había tomado.
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