El sol de Villa Gesell estaba bajando, tiñendo el cielo de un naranja furioso, cuando los dos grupos finalmente se mezclaron en la arena. Camila no tenía muchas ganas de socializar; estaba cómoda con su libro y el mate que compartía con Guada y Marti. Sin embargo, la llegada de los chicos rompió la burbuja de tranquilidad. CORTO
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