Mi héroe.
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WpMetadataNoticeLast published Mon, Oct 27, 2014
—Al principio —comencé a hablar con mi voz temblorosa, ésta se reguló al rato —, solo podía sentarme en el escritorio de mi habitación y golpetear con un lápiz sobre la libreta. Lo único que pude avanzar en dos semanas fue el título, así que por días y tardes estuve ahí, estática, admirando las palabras “Mi Héroe” sobre el papel. Por un momento incluso creí no tener ninguno, lo que de cierto modo me asustó. Fue entonces que lo conocí a él, Noah Miller. Tal vez este no sea un ensayo estrictamente como se me indico redactar, pero a cambio les daré el honor de saber su historia, nuestra historia…
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Camille tenía 32 años y el corazón lleno de motivos para seguir adelante. Su mayor razón tenía nombre: Noah. A sus cuatro años, él era todo lo que le daba sentido a sus días, incluso cuando el trabajo escaseaba, el cansancio dolía y las dudas pesaban más que las bolsas del mercado. Trabajaba de lo que podía: ayudante de cocina, repartiendo volantes, limpiando oficinas por las noches. Lo justo para mantener un techo sobre sus cabezas y una taza de leche caliente cada mañana. Nunca se quejaba en voz alta, pero muchas veces se dormía con lágrimas silenciosas. Fue entonces cuando apareció la asociación Aprender a Quererte, un programa comunitario que brindaba apoyo a madres solteras sin recursos para pagar una guardería. Camille, con la esperanza envuelta en nervios, se presentó a la entrevista. Después de una visita de inspección a su pequeño departamento -donde todo estaba limpio aunque usado, ordenado aunque humilde-, recibió la noticia: Noah había sido aceptado. Ese lugar, con paredes de colores, música suave y maestras pacientes, se convirtió en un oasis para ambos. Noah empezó a reír más. Y Camille, por primera vez en mucho tiempo, respiró un poco más tranquila. Hasta que una tarde, tras una larga jornada y una carrera contrarreloj para llegar a tiempo, Camille recogió a Noah de la guardería... y se llevó, sin darse cuenta, algo que no era suyo. Un buzo. Uno grande, negro, con una pequeña calavera en la manga. No era de ningún niño. Y cuando revisó el bolsillo, encontró dentro un papel doblado... y una nota que no estaba dirigida a ella. Lo que parecía un simple error, estaba a punto de cambiar su vida.

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