Mire nuestras manos entrelazadas, las cortadas en sus muñecas, sus ojos cristalizados y su cabello revuelto, desde ese día le prometí que jamás lo dejaría sólo.
Ambos necesitamos a nuestra otra mitad para brillar, pero el la necesita para volver a sonreír, para dejar de sufrir y yo lo ayudaré a comenzar a vivir.
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