Melissa Verstappen creció rodeada de motores, cámaras y titulares. Fue la primera hija del campeón, la niña de los boxes, la favorita de los fotógrafos y ahora le primogénita del nuevo jefe de Red Bull. Aunque nadie la había visto desde hace 5 años La adolescencia la marcó con un amor que parecía eterno, y que terminó dejándole heridas que no supo cómo nombrar. Ahora, con 24 años, vive en suiza, lejos del ruido, buscando su voz entre pinceles, cascos viejos y silencios que duelen. Lo que nadie sabe es que Melissa no dejó de ir al paddock solo por cansancio si no porque todo lo que olía a carrera le recordaba a Émile Leclerc, el chico que amó cuando no estaba lista para perder. Pero el pasado no se entierra tan fácil. Y cuando un nuevo piloto aparece, con una mirada distinta y un corazón menos apresurado, Melissa empieza a preguntarse si sanar no era olvidar... sino mirar de nuevo. Con otros ojos. Con otra fuerza. Esta es su historia. De reconstrucción. De amor. Y de esas segundas oportunidades que no se parecen a las primeras.
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