Un navegante a la deriva en el implacable mar del tiempo, un náufrago de la vida, víctima de las fauces del destino. Solo viaja a través del universo y su yo es la única realidad, pero es una realidad relativa. Vic no estaba dispuesto a arriesgar perderla de nuevo, por nada, ni por el bien de la ciencia, ni en pro del progreso, ni siquiera para salvar la civilización. Nada en el mundo lograría apartarle de ella. Nada conseguiría hacerle renunciar a ese amor único. Su amor que había tendido un puente desde el pasado, a través del presente, hacia el futuro. Un puente al infinito, que vive a través del tiempo.
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