Mew era tan solo un chico de 23 años, lleno de responsabilidades y promesas que cumplir. Era un chico soñador y risueño, a la vista de todos parecía tener un futuro brillante, parecía no tener problemas y estar muy decidido a lo que su futuro se refería. Pero la realidad es que, a pesar de que a Mew no le hacía falta nada... En su habitación, cada noche al terminar un día "perfecto", Mew se acostaba con un solo deseo... Esperando que algún día se hiciera realidad.
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