No es solo una puerta que cierro, es la cárcel que dejo ardiendo tras de mí. Cada habitación guardaba un eco de las palabras que me encadenaron, cada pared sostenía las sombras de las manos que alguna vez me retuvieron. Ya no hay lágrimas, solo cicatrices que sellan las heridas que me negué a mirar por demasiado tiempo. No dejare rastros, porque este lugar y este pasado ya no tiene espacio en mi futuro. No es huida, es liberación. Y aunque el silencio pese, prefiero el vacío a cargar con las cadenas de manipulacion. No voy a volver, nunca.
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