Porque desde el principio, Wei Wuxian no pertenecía a ninguna secta, ni a YunmengJiang ni a GusuLan. Y porque desde siempre, la vida no parecía agradar de él, con tanta desgracia a su alrededor.
De vuelta en GusuLan, Wei Ying pasa sus días acogedora, cómoda y tranquilamente alado de su esposo Lan Zhan, siendo lo mejor de su vida hasta que se da cuenta que nadie lo quiere ahí ni en ningún lado.
Wei Wuxian, el Patriarca Yiling, no pertenece con los buenos, no pertenece a YunmengJiang, no pertenece a GusuLan.
¡Wei Wuxian ha muerto!
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La tristeza de Lan WangJi es infinita, tanta, que si por él fuera, no dudaría un segundo en dejar que la vida saliera de sus venas y permitir que su alma se reuniera con aquel a quien ama, solo que este último no lo permitirá. Wei Wuxian, el malvado y demoniaco patriarca de Yiling lo cuida desde las sombras. El amor crecerá hasta que sea del todo punto imposible seguir ocultándose.
¿En verdad murió Wei Wuxian?