-Harry, yo puedo curarte, déjame... sólo déjame ayudarte, alfa -murmuró el pequeño castaño desde un rincón, no queriendo alterar al sujeto con mal carácter que tenía frente a él.
-Eres mi empleado, Louis. No puedo simplemente ir por toda la empresa marcado con tu aroma -se toma el entrecejo y hace una mueca de dolor-. Si quieres ayudar, cumple con tu labor y llama a una omega, sabes los requisitos que debe cumplir -sentenció el alfa, dando media vuelta con un dolor en el pecho, no teniendo valor para sostenerle la mirada al pequeño omega que se encontraba con ojos brillantes.
Una vez que sus instintos se encontraron, su lazo colisionó. Era demasiado difícil ocultarlo, aunque uno de ellos se negaba a aceptarlo.
El alfa olvidaba que la madre Luna no se equivocaba y que en algún momento incierto, su raciocinio iba a ceder ante su instinto.
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