En cuanto mis ojos se posaron sobre su castaña mata rizada y sus orbes avellanados noté lo roto que estaba.
Y fueron instantáneas las ganas de querer unir sus trozos.
A lo mejor no debería haber metido mis sucias manos en intentar dar vida a alguien que estaba más vivo que yo.
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Antes era una mirada asesina y ahora es una de amor, pero me da igual cual sea de las dos, mientras sea mi morena de rizos la que mire, está todo perfecto.
Pero ninguno de los dos sabe lo que pasará después.
Si las miradas matasen...