Prólogo. Jamás en toda mi vida consideré poder desear ser otra persona. Siempre supe cuales eran mis defectos y cuales mis fortalezas. Y podía vivir con ello, había aprendido de cada tropiezo que se había presentado, y aunque me consideraba algo solitaria jamás sentí celos o envidia de nadie....hasta ahora. Desde el momento que mis ojos se toparon con esa mirada hermosa de un verde jade que me dejó fuera de mí, algo cambió y no lo supe ver hasta que fue muy tarde. Tuve tiempo de alejarme y sin embargo, no lo hice. No lo intente, aún sabiendo que ese hombre no era libre. Que entre todos, él, estaba más que prohibido. Sólo pude acercarme más y más a él haciéndome adicta al fuego de su piel. Ahora me muero cada vez que ella pronuncia su nombre, cada vez que me cuenta todas sus caricias, y escucho, como lo hice siempre. Por primera vez deseo algo que solo le pertenece a ella, a mi mejor amiga. Deseando tenerlo y que susurre mi nombre entre besos y caricias. Ahora cuando él me quema con su tacto, quedaron fuera mis principios, la moral o la dignidad. Ya es muy tarde para pensar en la amistad, para pensar que esto está mal... Ya es muy tarde para decir...No desearás, lo que no es tuyo.
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