Flor de Lis creció en un pequeño pueblo en las montañas de la cordillera oriental de Colombia, en medio de Bogotá y Villavicencio y en la frontera entre dos grandes regiones naturales: Los Andes y los Llanos de la Orinoquía. Lis aprendió pedagogía y enseña en una escuela de una vereda de su pueblo y a su vez, estudia en la Universidad. Estando en ello, tras la prisa causada por la pandemia del coronavirus, ella, como todos los demás, se vió forzada a adentrarse intrépidamente en el mundo de la tecnología de la comunicación, porque es el único modo factible de llegar hasta cada uno de sus estudiantes, dadas las restricciones a causa de las medidas de bio-seguridad.
Flor de Lis, abrumada con esa nueva experiencia, de la cual no conoce casi nada, y requerida por sus estudiantes, que, desde sus casas, muy distantes una de la otra, esperan de su profesora, que les facilite los medios y los contenidos para realizar eficientemente su proceso de aprendizaje escolar, decide tomar cartas en el asunto.
Abrumada y desconcertada, toma la decisión de dar un aventurado paseo, por una zona de su vereda que es poco transitada, antes de ponerse en el trabajo de adquirir capacidades para la gestión de contenidos en el mundo virtual; porque entiende que, la exigencia es ardua y necesita entrar con la mejor disposición.
El paseo que Lis está a punto de realizar le cambiará la vida tras un hallazgo misterioso, oculto, cerca de una vieja casona que algún personaje habitó y que permanece abandonada, discretamente oculta tras el frondoso ramaje del bosque y que pocos visitarán hasta que Lis la encuentra. ¿En qué consiste el descubrimiento de Flor de Lis? ¿Por qué, nadie antes de Lis, lo hubo hallado? ¿A quién debió pertenecer? ¿qué vio Flor de Lis para salir de allí con tal convencimiento de sus ideas, que en adelante, se convirtió en una profesora de referencia en la inhóspita región en la que profesa su vocación docente?
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