Ellos no podrían entenderlo

Ellos no podrían entenderlo

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WpMetadataNoticeLast published Wed, Sep 23, 2020
Tuve que hacerlo por su propio bien, por nuestro propio bien, ahora tengo que vivir con sus voces día y noche sin parar, no aguanto más esta sensación, lo intente todo pero estoy destinada a vagar por este mundo infernal, la culpa me calcome la cabeza y no lo soporto, mis pies están atados no puedo volar o hundirme, pero ellos no lo entenderían. Yo solo quise acabar ese dolor y sufrimiento de mi día a día, nunca tuve intención de algo más, todos me juzgaron y nadie comprendió mi dolor y mi justificación. Tuve que pagar por lo que ya había cometido porque todo en esta vida tiene un precio por el cual pagar y esta vez me toco a mi. Al pasar el tiempo esas voces de mi cabeza se hacían más frecuentes y taladraban mi cabeza, esas voces se volvieron un infierno ya no las podía aguantar. Pero un día la conocí a esa chica tan diferente, cálida y compresiva, ella encendía todo dentro mi y aunque no la conocía del todo apenas puedo resistir las tentaciones de mi cuerpo hacia ella , con el tiempo ella se apoderó de todo mi ser haciendo que mi corazón y alma les pertenezcan.
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delito
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Él no ofreció rescates ni promesas vacías. En cambio, me reveló un mundo donde mi dolor podía transmutarse en una forma distorsionada de placer. Sus perversiones, presentadas como un regalo envenenado, me empujaron más profundo en el abismo, pero fue la primera vez que no caí sola. Nos hundimos juntos, y en ese descenso compartido, descubrí fragmentos de vida entre la desolación. Si bien me sumergió más en aquella penumbra que parecía destinada para mí, también me mostró que incluso en el caos, se podía hallar un pulso, un ritmo, un feroz deseo de sentir que anhelaba tanto. Con él, lo prohibido no solo era accesible, sino que era un manjar al que nos entregábamos sin remordimientos. Esta es mi historia, la narración no de una superviviente, sino de una guerrera que encontró en la perversión de un extraño, la llave a una existencia donde podía finalmente respirar. Porque a veces, para poder sentirnos vivos, necesitamos a alguien que no nos salve del precipicio, sino que se atreva a saltar con nosotros. Y aunque muchos no lo entiendan, esa caída... es la más viva que he sentido jamás.

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