En la Universidad de Daegu, todos hablaban de ellos. Taehyung y Jungkook. Jungkook y Taehyung. La pareja más caliente, más jodidamente atractiva y deseada que se hubiera visto en ese campus. Jungkook era el mayor, el típico chico malo que hacía arder las miradas: tatuajes por el pecho, brazos fuertes, chaqueta de cuero y una moto negra rugiendo en cada llegada. Fumaba como si estuviera en cámara lenta, y cada vez que se pasaba la mano por el cabello largo, las piernas temblaban a su paso. Y luego estaba Taehyung. Doncel de curvas imposibles, con una cintura que parecía dibujada con obsesión y unos senos que sobresalían por encima de cualquier camiseta ajustada. Su trasero era una obra de arte, y la forma en que caminaba dejaba a más de uno babeando. Pero él solo tenía ojos para Jungkook. Se comían con la mirada. Se besaban como si el mundo se fuera a acabar. Y cuando desaparecían juntos, todos sabían lo que iba a pasar... y lo envidiaban. No necesitaban esconderse. No les importaba. Eran los reyes del campus. Y estaban a punto de demostrar por qué.
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