Relatos de una BorderLine

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WpMetadataNoticeLast published Mon, Dec 8, 2014
Sus cabellos negros como la noche caían sobre sus hermosos y delgados hombros fajados de esa perfecta piel tan blanca como la luna, sus sensuales piernas me tentaban de una forma demoníaca mientras trataban de subir temblorosas sobre la barra de ese exclusivo club nocturno, donde había ido a celebrar por décimo cuarta vez sino es más, mi despedida de la soltería. Mis ojos no se desprendian de su mirada color cielo, tan penetrante y exquisita que sentía como si tuviesen un afrodisíaco poder, sus labios rojos carmín que relamia como invitando a todos los presentes a ser besados por ellos, mientras observaban el show que esa perfectisima mujer estaba dando... Me perdí cuando la vi bajarse el straples de su vestido negro, mostrar sus pechos y gritar ¡FIESTA! Mientras se bañaba en champagne. .. No fue la mejor idea querer saber más acerca de Alexis VillaLobos B., pero no me arrepiento de estar junto a ella en The BorderLine...
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El aire olía a lluvia y sangre. Era una combinación extraña, pero así la recordaba. Un deja vú violento que me golpeó el pecho en el momento en que la vi de nuevo, después de dos años sin saber nada de ella. Solo que esta vez no estaba temblando ni suplicando con los ojos. Esta vez me sonreía ¿sonreía? Con esa boca que antes solo conocía el miedo y ahora exudaba peligro. Regan había vuelto. Y con ella, algo más... La última vez que la vi, estaba hecha un desastre. La ropa desgarrada, el rostro bañado en lágrimas, las manos aferradas a su falda como si pudiera desaparecer en ella. Todos se reían. Todos la miraban con asco. Y yo... yo no lo soporté. Me lancé contra ellos, como si con un par de golpes pudiera borrar lo que habían hecho. Pero al final, la única que desapareció fue ella. Regan se esfumó como un mal sueño, dejando tras de sí rumores sobre hospitales psiquiátricos, ataques de nervios y gente que juraba haberla visto en lugares donde nunca debía estar... Pero nada de eso se supo cómo cierto. Ahora estaba frente a mí, vestida como una chica más, caminando tranquila y sin miedo. Y cuando sus ojos se posaron en los míos, supe que algo cambiaria... No porque fuera diferente. Sino porque, en el fondo, siempre había sido así... como si cargara con un secreto que no puede contar, pero que yo moría por desentrañar. No la había salvado aquella vez. No realmente. Y quizás ahora, ella me salve a mí. El frío de Valgris, la ciudad donde crecimos, se sentía más afilado aquella tarde. Las montañas nevadas en la distancia y el lago negro reflejaban un cielo encapotado, cargado de tormenta. Todo en este lugar tenía algo de inquietante, como si sus bosques profundos ocultaran secretos que nadie se atrevía a nombrar. Y Regan... ella encajaba aquí mejor que nadie.

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