En los albores de un mundo gobernado por clanes cultivadores y leyendas ancestrales, surgió un hombre que desafió el cielo y la tierra. Wei Wuxian, el temido y reverenciado Patriarca de Yiling, fue una fuerza de la naturaleza misma. Bendecido por los dioses de la guerra y marcado por el beso de la sensual Cangse Sanren al nacer, su existencia fue una paradoja de gloria y condena.
Poseía una fuerza y un intelecto que rivalizaban con los más formidables estrategas y guerreros de su tiempo. Su belleza, con cabello de ébano y piel dorada, era tan letal como su espada, y se decía que su sola mirada podía inflamar el deseo más profundo. Ninguna ley lo contenía, ningún enemigo lo doblegaba, y ninguna mujer podía resistirse al hechizo de su presencia. En el arte de la batalla y en el sublime arte del amor, no tenía igual.
Pero su poder supremo atrajo una envidia capaz de torcer el destino. Condenado por una maldición eterna, Wei Wuxian fue condenado a vagar, un espíritu atormentado por un anhelo insaciable. Su penitencia: buscar la satisfacción en los brazos de quien lo invocara, entregándose a una luna de placer exquisito, solo para desaparecer al siguiente ciclo lunar, dejando tras de sí un recuerdo imborrable y una adicción que ningún mortal podría saciar jamás.
¿Te atreves a invocarlo? Si anhelas conocer el éxtasis y el peligro, sostén su nombre sobre el pecho y pronúncialo tres veces bajo la luna llena. Él acudirá. Su cuerpo será tuyo, su servicio, absoluto. Pero recuerda: una vez que conoces sus caricias, el paraíso se convierte en una prisión de memoria, y el mundo jamás volverá a ser suficiente.
Guárdate del Maldito.
Bienvenida a tu condena.
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