LIBIRU ©

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WpMetadataNoticeÚltima publicación sáb, sep 26, 2020
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Ficción
Misterio
"Los lugares más hermosos suelen ser los más peligrosos, lo mismo ocurre con las personas... no en todos se puede confiar, ¿verdad?" Murmuró aquella lúgubre voz en su oído, tal y como lo haría la misma muerte anunciándose a un pobre enfermo. Solo que él sostenía su hombro con fuerza. Ella sabia que no era humano... la sangre empezaba a emanar de su hombro, justo donde sus garras perforaban la piel. Este pueblo sucumbió a su ira, a la negatividad de su ser, a su hambre por poseer... " ¿Que harás conmigo? " Preguntaba la joven en sus pensamientos, a sabiendas que podría escucharlos. " ¿Con que deseas que empiece? " Preguntó la criatura de forma burlona y cruel. " Podría alimentarme con tu carne, deleitarme con tus gritos o simplemente conservarte como trofeo, incluso agradecerte... " Continuaba hablando en la mente de Lyar, con aquella grave y monstruosa voz que lograba erizar la piel. " ¿Por que me agradecerías? " Se atrevió a preguntar nuevamente. " Por liberarme " Respondió, retirando sus delgadas pero filosas garras de su piel, solo para limpiar el elixir carmesí con su larga y fría lengua. El hedor de la muerte no estaba en su aliento, ni en su tacto... Era la muerte de una dimensión desconocida, y ella sin saberlo, le abrió las puertas a la suya.
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Despertó de repente. Con una sensación de frío y húmedo terror que le calaba hasta los huesos y hacía temblar sus carnes con unos espasmos febriles. En principio no supo el porqué de todo eso. Cuando empezó a saberlo, el pánico más delirante se apoderó de él. Respiró con fuerza y alargó sus brazos cuanto le fue posible, que no era mucho. Sus manos tropezaron con una superficie dura, perfectamente sólida, que casi le rozaba los cabellos, unas pocas pulgadas por encima de su cabeza. La oscuridad era total. El frío, sutil y profundo, le escalaba la espina dorsal hasta barrenar su nuca y llegar, como un aguijonazo glacial, hasta lo más profundo de su cerebro. Notó que empezaba a sudar. Y que el suyo era un sudor helado y pegajoso, que se adhería a su piel igual que una telaraña...

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