Los Viernes a las 6

Los Viernes a las 6

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WpMetadataNoticeLast published Tue, Sep 29, 2020
Ana miro a la bahía, las olas del mar estaban calmadas generando un sonido endormecedor. Ya era tarde pero el sol aún brillaba. El olor a sal de mar y a ropa limpia inundó los sentidos de Ana. Ella estaba colocada sobre el balcón que yacía afuera de su ventana. Sus piernas estaban pegadas a su pecho, su pelo brillando con destellos de agua cual gotas de rocío en primavera. En la bahía había un pequeño muelle ya muy desgastado por las sales del mar y las olas de las tormentas. En el estaba un chico de pelo castaño y ojos verdes, en su mano izquierda muchas rocas pequeñas y un poco planas. Su mano derecha lanzaba las rocas causando ondas en el mar. Hoy era un día calmado, no muy caliente y con mucho viento. Daniel se encontraba pensando profundamente en mil y un cosas, sin darse cuenta de que Ana lo estaba viendo. Y sin embargo aún sabía que Ella estaba pensando en El. Pero lejos de la bahia se encontraba alguien mas que aunque quisiera no podia sacar a Ana de su cabeza.
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🦋 Índice: El día parecía un reflejo de mi alma, un cielo gris y denso que pesaba sobre mí. Me iba sin expectativas, sin esperanza alguna de verlo, convencida de que nuestros caminos nunca volverían a cruzarse. Pero justo cuando el destino parecía sellado, lo vi. Estaba allí, de pie al otro lado de la calle, y cuando nuestras miradas se encontraron, me sonrió. Esa sonrisa, tan familiar y cálida, desarmó cualquier emoción que pudiera haber sentido hasta ese momento. Era como si, en ese instante, el mundo dejara de girar y el peso de los recuerdos se liberará en un suspiro. Lo extrañaba, aunque no lo admitiera, y ver su rostro trajo consigo una marea de memorias, de momentos que pensé haber dejado atrás. Mientras caminaba hacia mí, mi corazón latía con una mezcla de anhelo y dolor. Me pregunté si él también estaba feliz de verme, si en su sonrisa había un rastro de los sentimientos que alguna vez compartimos. Pero a medida que se acercaba, la realidad me golpeaba con fuerza. Cada paso suyo parecía resquebrajar algo en mi interior, haciéndome recordar por qué había decidido irme. Mi rostro seguía inmutable, atrapada entre la rabia, la frustración y una tristeza profunda. No podía dejar que viera lo que en verdad sentía. Y entonces, el semáforo cambió a rojo, y él cruzó la calle corriendo, acortando la distancia que nos separaba. Sin previo aviso, me envolvió en un abrazo. Pero algo en mí había cambiado. La calidez que una vez sentí por él se había transformado en una tristeza insondable. No lo entendía en ese momento, pero el cariño que alguna vez fue puro y profundo, ahora era solo un eco de lo que había sido. ¿Estaba realmente aquí para despedirme de él? La pregunta se quedaba suspendida en el aire, sin respuesta. Lo único que sabía con certeza era que aquel día, un ciclo estaba llegando a su fin. 21 y 24 8 de septiembre Un fin...

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