En el infierno de los Ravelli, el amor no es una debilidad... es una ejecución.
En los acantilados de una isla, las reglas se escriben con sangre y las insurrecciones se pagan con la vida.
Dante Ravelli es el señor absoluto: un monstruo elegante, implacable y adicto al control que gobierna su imperio desde el imponente Palacio, un edén de lujo desmedido que sirve como fachada para su brutalidad.
Dante no negocia con enemigos... los extermina.
Pero el tablero cambia por completo cuando atrapa a Aura Vescari.
Ella no es una prisionera común. Es la heredera de un linaje maldito, poseedora de una mente matemática capaz de predecir cada jugada y un odio tan abrasador que es lo único que la mantiene con vida tras ser envenenada. Dante la quiere sumisa; quiere romperla y moldearla hasta convertirla en el arma más letal de su imperio. Aura, atrapada en esa jaula de oro y esmeraldas, acepta el trato solo por una razón: descubrir el secreto sobre su madre que solo su captor resguarda.
Sin embargo, en el ala subterránea de la fortaleza -un santuario blindado donde el lujo se funde con la alta seguridad-, entre líneas de tiro, sudor y violencia, el odio muta en un magnetismo oscuro y destructivo. En un juego donde las miradas son castigos y el deseo es un arma de doble filo, ambos se arrastran al borde del precipicio.
Dante cree que la está domando. Aura jura que lo va a destruir. Pero cuando el tabú de la mafia y la depravación de la noche de Nocturnus -bajo el efecto hipnótico de la droga NOX- los consuman, descubrirán que en su mundo, el amor no se confiesa... se ejecuta.
Bienvenidos al Edén de Dante.
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