Un domingo a la mañana, limpiando a mi caballo llegaron dos personas al lugar, pensando que yo vendía a dos de mis caballos. Ellos tenían un aspecto de maleantes, ropa rota, sucia y una voz muy ronca y ellos me dijeron.....
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Recobré la conciencia, estaba confundida, al ver mis manos... al ver mis manos ensangrentadas recordé todo, volteé y lo vi tendido en el suelo. Un olor repugnante hizo que me dieran ganas de vomitar, olor a sangre, mi propia sangre...