El sabor del pecado

El sabor del pecado

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Victoria Ricci, una chica de diecisiete años que ha tenido una vida de muchos recatos y demasiadas reglas a lo largo de su corta vida. Una chica que no ha podido salir de la burbuja en la que sus padres la han mantenido. Desea ser libre, desea poder amar y ser amada. Pero eso está muy lejos de suceder, ¿por qué? Por el simple hecho de que sus padres tenían otros planes para ella. Desde pequeña supo cuál sería su destino y a pesar de que no quería, a pesar de tener pánico, lo cumpliría porque el amor y el respeto que le tenía a sus progenitores, la hicieron ceder ante lo que ellos le habían impuesto. -¿Qué es lo que te tiene así de angustiada? -preguntó con cautela. -Yo, Dios, perdóname... -pasó la mano por su rostro -. Yo no quiero ser novicia. Estoy aquí en contra de mi voluntad. Sin embargo, en ese lugar, conocería el amor de un hombre. Un amor tan grande que ella jamás hubiese siquiera pensado, y eso la llevaría a la perdición porque lo que sentiría por él..., era el más terrible de los pecados. Historia de mi total y absoluta autoría. Se prohíbe la copia total o parcial.
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Existen solo 2 razones por las cuales los seres humanos podemos perder el control: la obsesión y el amor. La obsesión es el vicio más fuerte de un ser humano y es justamente por otro ser humano. El amor es la droga más pura que existe, puede hacerte sentir vivo o deseoso de morir. Y no sé en cual de los dos casos es peor, lo único que sabía es que en ambas situaciones e independiente de cualquiera que fuera la manera en la que me lo planteara solo llegaba a una misma conclusión y una misma razón: ÉL. La última vez que sentí algo por alguien terminé internada en un hospital por un colapso emocional; me había cerrado por completo a la idea de amar otra vez a alguien, pero las cartas del destino tenían otros planes para mi. Desde su llegada a mi vida se había vuelto inolvidable. Con su risa, su carisma, sus palabras de aliento, los pequeños detalles, se había comenzado a volar por las pequeñas grietas de mi vida y sin darme cuenta había curado algo dentro de mi que él no había roto. Ninguno de los dos estaba preparado para lo que pasó, pero ¿Seríamos realmente suficientes el uno para el otro o nos pesarían más nuestras fallas, promesas rotas y fantasmas del pasado?

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