Backspace
Ella no quería seguir viva.
Él ya estaba muerto.
Después del accidente, lo último que esperaba era despertar en sus brazos. No era un sueño. No era el cielo. Era su espacio, donde las reglas no existen, donde el deseo pesa más que la razón, y donde el dolor se convierte en placer.
Tiene siete días para tocarlo, para decir lo que no pudo, para rendirse al fuego que no apagó ni la muerte.
Pero el tiempo corre, y el cielo no acepta visitantes permanentes.