Una historia juvenil de amor, familia, amigos, trabajo, todo lo normal de una vida común y corriente, pero también un toque de odio, rencor, deseo de venganza, alcoholismo, drogadicción, secretos, porque eso será la vida de Ella Brooks.
¿Una niñez normal? ¿Con amor, caricias, dulces, un abrazo de mamá, un cuento antes de dormir de papá? No, todo lo contrario. Amelie no tuvo nada de eso en su infancia, por el contrario; una mamá alcohólica, adicta a las drogas, dependiente de un hombre; su padre, otro alcohólico, maltratador, violento, y para cerrar con broche de oro este las abandona y su madre decide dejarla en un orfanato.
Pero no todo es malo, Amelie consigue una excelente familia que la adopte y le de todo el amor que su familia biológica jamás le dio, junto a su nuevo nombre, Ella.
Sólo hay un pequeño problema; ella conservará un recuerdo de su madre el cual le clarifica todos los maltratos y desprecios de su padre, llenándose así de un gran y peligroso sentimiento, la venganza.
¿Podrá Ella llevar a cabo su plan hasta el final? O, ¿algo, tal vez alguien, le va a truncar sus planes?
¿Quién pensaría que unas simples fotografías podrían destruir la vida de una persona? ¿Qué hacer cuando tienes la vida de todos en tus manos?
Alissa Simmons creía que tenía todo, una pequeña familia, amigos, sus sueños y un novio que amaba más que su propia vida pero todo se destruyó de un momento a otro. Una bola de mentiras y decepciones explotaron frente a ella. Todo cambió, ella cambió. De esa chica dulce y amigable ya no queda nada. Ahora solo existe una chica fría para la cual el amor ya no existe y las promesas no son más que palabras sin valor alguno. Sus decisiones la llevarán por un camino oscuro que se volverá un callejón sin salida.
Y para complicar aún más todo, Tyler Brooks se cruza en su camino y desestabiliza la nueva vida que ella estaba creando, sus barreras que tenían atrapando sus sentimientos empiezan a flaquear y un reencuentro con alguien del pasado terminará por volver su mundo al revés. Ahora solo queda arriesgarse a encontrar una nueva oportunidad para amar con el riesgo de ganar o perder todo en el intento.