Fuiste tú quien calmó el desastre cuando todo estaba perdido, me abrazaste y se juntaron mis pedazos partidos, fui yo quién salvó tu corazón del vacío y lo llenó de ese sentimiento inesperado llamado amor.
Todos y cada uno de nosotros tenemos una historia diferente que contar, pruebas diferentes a las que afrontar, pero a pesar de todos y cada uno de los obstáculos que se nos presentan día a día debemos seguir siempre adelante y con la frente en alto...
-La vida le da las más duras batallas a sus más valientes guerreros- me dice él en un susurro -y tú eres una de esas guerreras...-