Octavia Blake trabaja en una cafetería, donde pasa sus días pensando en qué hará cada cliente que entra por la puerta , inventando historias para rostros nuevos y algunos ya conocidos. Observa a los demás para no tener que mirar demasiado de cerca todo aquello que pesa en su propio corazón.
Raven Reyes, en cambio, pasa sus días entre llaves inglesas, ruidos y motores, cosas que cosas que no desaparecen de un día para otro, creyendo que lo único seguro es aquello que puede arreglar con sus manos... menos a ella misma.
Cuando se encuentran, algo silencioso empieza a arder, miradas que rozan, palabras que no se animan a ser dichas, un deseo que respira en la piel antes que en la voz. Entre el aroma a café y ruido de motores, descubren que aquello que más temen es lo que la otra despierta sin pedir permiso.
Pero acercarse es un acto de valentía, y quedarse, un salto al vacío. Porque algunas conexiones no se gritan, simplemente arden... incluso cuando nadie se atreve a nombrarlas.
Octavia y Raven no buscaban nada más que sobrevivir al día a día. Pero el destino tiene la mala costumbre de empujar a dos heridas hacia el calor de la otra.
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