Yo la amo sobre todas las cosas, la adoro con todas las fuerzas que la vida me ha dado y me dará, pues es mi dulce perla que brilla alegremente en el horizonte, siendo el rocío proveniente de la fuente naciente de la integridad de mis amaneceres.
Sus ojos, verdes, penetrantes y hermosos, con resplandor único tal cuál jadeíta que se resbala de las manos de todo quien desea poseerla, su cabellera, dorada y alargada hasta la altura del ángulo inferior de los omóplatos, de rostro blanco, pálido y opaco, nariz fina y puntiaguda, boca suave y de anchos labios, rojizos y fruta prohibida de la selva. Ella es mi Melissa, así es el rostro más puro y hermoso que he conocido.