ARNAK, LA ESPADA DE ARDIANA.
Antes de las grandes pirámides existió una época de espada y brujería en la que pequeños reinos reinaban en pequeñas extensiones de territorios donde permanecían en eterna rivalidad por el dominio de los territorios colindantes, pero de entre ese sinfín de reyes, uno llegó a pensar que la rivalidad solo permitiría la división de todos esos territorios permitiendo que cualquier fuerza extranjera pudiera recaer en su territorio y hacer de su reino un reino extinguido. Ese rey se llamó Zoa y gracias a su astucia consiguió de los reinos de alrededor un pacto de no agresión permanente con la obligación de todos los territorios de defender al que esté en peligro. D e esta manera todos se comprometían a no atacarse mutuamente, cosa que permitió un estado de bienestar como no se había conocido jamás.
Zoa era el prototipo de buen rey querido por todos sus súbditos ya que entendían que era el propulsor del estado de bienestar del que disfrutaban, ganándose así el respeto de los reinos vecinos, aunque sin saberlo su peor enemigo se encontraba mas cerca de lo que podría suponerse y que extendió su malvada mano tras el nacimiento de su primogénito Arnák , el hijo que en ese momento les trajo la felicidad a Zoa y su mujer Lúa.