Corrimos en línea recta mientras nos perseguían con las balas. - Sigue corriendo, no te detengas. - No lo hago - cruzamos todo el campo hasta llegar a la otra sección de la hacienda, le metí el cartucho a mi arma. - ¡Cuidado! - este hombre salvaje disparó, pero en el transcurso, me empujó dentro de una de las salas, sin embargo, no perdí la noción, miré a la puerta apuntando. - Salvaje... - tropezó hacia atrás, lo tomé de la playera para que no se golpeara y le sostuve la cabeza, estaba herido - ¡No, no! Mírame, mírame. - Te miro - presioné la herida con fuerza. - No dejes de hacerlo, soy hermosa, puedes mirarme, no te mueras, te lo prohíbo. - No cambias... pero me debes una - estaba perdiendo la conciencia. - ¡No! - le golpeé el rostro - ¡No! ¡No me vas a dejar! - Nunca lo hice... - susurró. - ¡No! ¡No! - grité.
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