Kiyoomi ha aprendido a sobrellevar su desordenada vida desde la distancia y el control, sin embargo, su reencuentro con cierto colocador y una dosis de caos le recuerdan que no todo lo simple, realmente lo es. Entre entrenamientos y nuevas dinámicas, resurgen sentimientos que ambos creían olvidados, pero esta vez, acompañados de cambios ineludibles y una presión que, constantemente, amenaza con quebrarlos. No solo deberán enfrentarse a eso, sino también a expectativas ajenas y prejuicios sofocantes, provenientes de un mundo que los observa con falsa empatía, esperando el momento exacto de su inevitable caída. O, -en la humilde opinión de Motoya-: Atsumu y Kiyoomi son demasiado idiotas para complicar algo tan bonito como sus sentimientos por el otro y estar juntos de una buena vez. Pero, en serio, ¿qué más podía esperar de ellos?
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