Ese día en el que me sentí como la mierda, sentí que no era lo suficiente, debía adelgazar, ser como todas esas chicas bonitas, intenté de todo, no podía, y me fui por la opción mas fácil, dejar de comer, quizá así podría llegar a tener el cuerpo que todos esperaban que tenga, quizá así sería más fácil aceptarme, sería más fácil amarme y sentirme sificiente.
Me equivoqué, ese fue mi primer error, pensar que podía llegar a quererme como soy.
Segundo error, dejar de comer.
Tercer error, fingir que todo estaba malditamente bien cuando mi mundo se desmoronaba.
Cuarto error, dejarme llevar por lo que dicen.
Quinto error, existir.
Y los errores se seguían acumulando.
Estoy orgullosa de ustedes, de los que pudieron terminar su plato de comida sin vomitarlo o los que al menos lo intentaron, los que aman su cuerpo sin importar los demás, los que se sienten suficientes, los que aguantaron tiempo sin lastimarse, los que aprendieron a amarse, felicidades, estoy orgullosa, porque yo no pude, lograrlo es de fuertes, y yo no lo soy, por éso cedí, por eso no lo logré, por más que lo intentara.
Vivir a medias basados en el conformismo muchas veces eso no es vivir, perdemos los días con la esperanza de que estamos haciendo lo correcto y que para los ojos de las personas es aceptable... pero nos estamos olvidando de lo más importante del vivir: Saberse libres.
Tenía apenas diecisiete años cuando mi vida se transformó para siempre, sin darme cuenta fui perdiendo lo que más me importaba con el pasar de los años, todo cambió... yo cambié. Ahora simplemente no me reconozco, veo mis manos, mi cuerpo, toco mi rostro, mi cabello y parecen ser los de alguien más; y es que cuando entregas todo por amor simplemente te quedas vacía y marchita por dentro. Me enamoré de él sin siquiera sospechar de lo que se avecinaba, tan ingenua como siempre.
Ahora los días han dejado de significar, se han vuelto eternos, las horas insufribles, los minutos un tormento y los segundos mi propio infierno... He tenido de sobra para pensar en mi vida, mi patética vida. He tropezado y me he levantado... vuelvo a caer y con cada tropiezo me vuelvo más débil... hay días en los que dejo que mi mundo se venga abajo y la soledad, mi fiel compañera, tome posesión de mi cuerpo, dejándome embriagar por sus palabras y dejando que fluya en mi interior.
Dicen que el tiempo puede sanar las heridas. Pero lo que no nos dicen, es que las cicatrices siempre nos recordarán el pasado, que la sensibilidad esquiva el razonamiento y éste, a su vez, desgasta la entereza... Dicen que de todo se aprende, pero cuanto daría por qué no siempre las lecciones fueran tan dolorosas.
Nota: este libro es totalmente mio, producto de mis días felices y tristes.