En la frecuencia exacta || Guido Sardelli
Zoe vive en milímetros y segundos de exposición. Su mundo es silencioso, analógico y transcurre en la penumbra de su cuarto oscuro en Buenos Aires, convencida de que la realidad solo vale la pena si se puede congelar a través del lente de su Minolta. Para ella, el rock and roll es apenas una música lejana que suena de fondo mientras cuelga negativos a secar.
Guido Sardelli es exactamente lo contrario. Es el volumen al límite, el sudor bajo los acrílicos del escenario, la soledad ruidosa de los hoteles y una timidez pesada que solo logra esconder detrás de su Gibson y sus lentes negros.
Dos frecuencias distintas destinadas a rebotar en la misma longitud de onda.
Cuando Zoe sube al micro de gira de la banda con un bolso lleno de rollos vírgenes, no busca una historia de amor; solo quiere registrar la luz de la ruta argentina. Pero ni ella imagina que el flash de su cámara es capaz de desnudar las defensas del guitarrista, ni él espera encontrar en la mirada de esa fotógrafa el único refugio capaz de callar el ruido del mundo.
Entre mates de madrugada, el frío de la cordillera, luces de escenarios borrosas y el ronroneo silencioso de una gata de ojos verdes, sus vidas empiezan a cruzarse en un revelado permanente. Porque a veces, las fotos más perfectas nacen del sutil desenfoque de un instante improvisado.
«No es un disco, pendeja. Es la banda sonora de todo lo que hicimos bien».