-Nunca imaginé que el momento llegaría así... -susurró él, acercándose lentamente, su mirada fija en su rostro. Ella lo miró, confundida, sin saber qué decir. -¿De qué hablas? -De ti. De cómo siempre te observé, aunque no lo supieras. Cada vez que te veía, algo en mí despertaba. Quería hablarte, acercarme, pero no podía... No hasta ahora. Un silencio pesado se apoderó de la habitación. Ella no sabía cómo responder, las palabras no salían de su boca. La revelación lo dejó sin aliento, pero también con una sensación de incomodidad que no lograba entender. Él la miró fijamente, su frustración creciendo. -¡Mierda! ¡Es que no lo entiendes! ¡No ves lo mal que estoy! Y todo esto... todo esto es por ti -dijo, mientras la agarraba por los hombros, su enojo palpable en cada palabra. Ella, inmóvil, no dijo nada. El silencio la envolvía, y eso solo sirvió para aumentar la ira de él. El hecho de que no reaccionara, que no hablara, lo hizo explotar aún más.
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