Nunca pensé que lo más importante que me llevaría de un proyecto social sería a alguien como él. Al principio, era solo una actividad más en el calendario: reuniones, comunidad, tareas en equipo. Él era... ruidoso, competitivo, irritantemente seguro de sí mismo. De esos que se sienten cómodos en todos lados. Y yo, bueno, yo prefería mantenerme en mi rincón, con mi mejor amiga, haciendo lo que tocaba sin muchos rodeos. Pero luego pasó algo. Una mirada más larga de lo normal. Una risa compartida en medio del caos. Un juego de bolos que se sintió más importante de lo que era. Y de pronto, sin darme cuenta, ya no estaba jugando sola. No fue fácil. No siempre fue claro. Pero fue real. Y fue nuestro.
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