Solía pensar que mi destino era rogarle a unos ojos que no me miraban, hasta que te conocí. Todo en ti me atraía sin siquiera intentarlo. Tu sonrisa me iluminó, tu tacto me calmó y tu amor me hizo vivir lo que para mí parecía prohibido. Nuestra coincidencia llenó un vaso del que ansiaba beber, pero que jamás toqué. Y ahora estoy aquí, sediento de ti y de mí, y de las promesas que nunca cumplí. De todas las historias que me gustaría contar, esta es la nuestra. Pero he aquí una pequeña advertencia: no es una historia de amor. Por favor, si la lees, asume las consecuencias.
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