Aveces pienso que debí correr esa noche, pero cuando ella esta entre mis brazos, cada vez que sus labios tocan los míos, cada que escucho su risa, cuando la miro, se que no hacerlo fue la mejor decisión que tome en mi vida.
Es un ángel torturado, al cual le cortaron las alas y tuvo que congelar su corazón para poder sobrevivir en este mundo, donde el dolor gobierna. Se que ella esta rota y que podría cortarme al intentar juntar todos sus pedazos de nuevo, pero no me importa, prefiero tener un millón de heridas a vivir sin ella.
Bien, mmm, morí y ahora soy un ángel, por así decirlo...solo que no tengo alas y para conseguirlas debo ayudar a alguien por un tiempo limitado. Debería quejarme, ¿cierto? Ya ni muerto uno consigue las cosas con facilidad. Pero la verdad es que ¿cómo podría quejarme si la persona a la que debo ayudar es bastante hermosa? No piensen mal; hay una regla que cumplir: No enamorarse.