El rugido del público se apagó cuando la arena se convirtió en un infierno. El torneo King of Fighters, símbolo de gloria y rivalidad, se transformó en un escenario de pesadilla. Iori Yagami estaba allí, con la mirada perdida, sintiendo cómo algo oscuro se agitaba en lo más profundo de su ser.
-Iori... ¿qué te pasa? -la voz de Mature sonó cortante, mientras Vice se adelantaba con cautela.
Pero ya era tarde. Las cadenas invisibles que lo mantenían humano se rompieron. Un grito desgarrador emergió de su garganta, y el Riot of the Blood se desató como una tormenta carmesí. Sus ojos ardían con furia, sus movimientos eran bestiales. No había estrategia, no había razón... solo hambre de destrucción.
-¡Deténganlo! -gritó Kyo, lanzándose hacia él con una llamarada de poder.
Benimaru, Leona, incluso Ralf y Clark intentaron contenerlo. Pero cada intento era inútil. Iori se movía como un demonio liberado, sus garras rasgando el aire, su fuerza aplastando cualquier resistencia. El suelo temblaba bajo sus pasos, mientras la energía púrpura de Orochi envolvía su cuerpo como llamas vivas.
Vice y Mature apenas tuvieron tiempo de reaccionar. Lo que comenzó como una alianza terminó en traición sangrienta.
-¡Iori, basta! -gritó Mature, antes de que un golpe brutal la lanzara contra el muro.
-¡No...! -Vice intentó sujetarlo, pero sus brazos fueron destrozados por la furia descontrolada.
El silencio que siguió fue más aterrador que la violencia. Los demás peleadores quedaron paralizados, viendo cómo Iori, jadeante, miraba sus manos cubiertas de sangre. La energía oscura se disipaba lentamente, dejando solo el peso del horror.
-¿Qué... he hecho? -susurró, con la voz quebrada.
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