Mi nombre es Daría Moss. Tengo 22 años, estudio la universidad, y la mayoría de mis compañeros piensan que soy tímida. Me ven, siempre con mis audífonos puestos como un escudo. Nunca imaginarían que por las noches, cuando las luces bajan y el beat comienza a subir, dejo de ser esa chica invisible. Me convierto en Júpiter.
Júpiter es otra cosa. Júpiter no estudia. Júpiter no se disculpa. Júpiter baila como si el mundo le perteneciera. Me subo a ese tubo con tacones imposibles, envuelta en brillo y perfume, y empiezo a girar como si cada movimiento fuera un conjuro. La gente no me ve, me observa. Con deseo, con fascinación, a veces con juicio. No me importa. Porque cuando bailo, el control es mío. Elijo qué muestro, cómo lo muestro, y a quién me acerco.
De día, en la universidad, camino entre pasillos como si Júpiter no existiera. Nadie sabe que por las noches me visto con lentejuelas, con tacones y seguridad.
No tengo doble vida porque me avergüence de alguna. Las tengo porque el mundo no está listo para verlas juntas.
Hasta que una noche, un hombre se sienta en primera fila. No es como los demás. No grita, no presume, no intenta tocar. Solo me observa con una calma peligrosa, como si pudiera ver más allá de la piel. Me bailo entera frente a él. Lo envuelvo, lo atrapo, lo olvido.
O eso creía.
Cuando Giuliana es obligada a mudarse a Inglaterra e ingresar a una academia ecuestre de élite, lo último que espera es conocer a Charlotte Beaumonth, una promesa olímpica del salto ecuestre.
Dos mundos completamente opuestos.
Una rivalidad inevitable.
Un destino que las unirá más de lo que imaginan.
Royal Dawn International Equestrian Academy no es solo caballos. Es disciplina, competencia... y emociones que nadie les enseñó a controlar.
𝐆𝐋