Bailar, esa es mi pasión. Si por mí fuera, bailaría día y noche sin parar. ¿Mi sueño? Ser una bailarina profesional. ¿Mi obstáculo? Él... bueno, no, en realidad mi primer impedimento siempre fue mi padre. Me crió toda la vida para ser la hija perfecta, lo sé, muy cliché, pero es la realidad. Una lástima que mis gustos no sean los mismos que los suyos; si lo fueran, seguro que mi vida sería mucho más fácil.
Toda mi vida estuve bajo disciplina. Mis padres (como ya he mencionado) se encargaron de que mi educación fuera completa, siempre fui a las mejores escuelas, siempre tuvo las mejores calificaciones y aunque siempre me fue fácil lograr cumplir con sus exigencias, solo había algo que realmente me interesaba: la danza. Así que cuando me ofrecieron la oportunidad de entrar en una academia de baile prestigiosa, no dudé en aceptarla. Dejé mi hogar atrás para seguir mi sueño, convencida de que por fin podría dedicarme a lo que más amo.
Al principio pensé que todo sería perfecto, pero pronto me di cuenta de que no sería tan fácil como esperaba. Para empezar, mi equipo de bailes solo está conformado por chicos, y para colmo, uno de ellos se ha empeñado en hacerme la imposible. Nunca he entendido por qué me odia; no le he dado razones, ni siquiera nos conocemos y, aun así, parece disfrutar complicándome la vida en la academia. Pero no pienso dejar que él, ni nadie, arruine mis sueños. Estoy aquí, me gané mi lugar aquí, y voy a luchar con todas mis fuerzas por quedarme.