Un deseo impuro, una ambición grande y una belleza inexplicable.
Eso era aquel hombre, su hambre, su ganas me llevaban al infierno, su boca me llevaba al cielo y su mirada me dejaba en un profundo vacío.
El placer y el deseo no tiene límites a los cuales enfrentarse sin salir victoriosos, la lujuria es el mejor de ambos, el ser humano es capaz de hacer cualquier tipo de cosas por conseguir lo que su cuerpo y hambre pide a gritos. Sin importar el tiempo que pase, el amor esta muestro en sus corazones y buscan a su siguiente victima.