Enemigo del odio,
preso del amor,
ajeno al temor
en el regocijo de tus brazos,
y como rayo de sol,
caliento, sonrojo y me adhiero,
a tu piel blanca y te quiero,
en mi regazo sentada mi cielo,
sin maldad de querer desnudar,
tu cuerpo que me hace temblar,
pues mi intención es tocar,
tu alma que anhelo flechar.
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Un nuevo comienzo sin metas, sin sueños, sin propósitos, pero con la confianza del creador del universo que todo lo que venga sea para bien, y todo este mi favor.