Es cierto que los buenos momentos apenas duran un instante, que son los recuerdos los que se encargan de mantenerlos vivos, evitando que caigan en el insondable pozo del olvido. Pero, ¿a qué aferrarse cuando se apaga la luz y nos devoran nuestras peores pesadillas? Sí, la respuesta está en cada uno, y he aquí la mía.
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