Desde tiempos inmemorables, el pueblo de Villa Baja ha sufrido la maldición de Los Durand, una familia de locos millonarios que se rumorea se llevan a muchchas jovenes para enloquecerlas. Cristina jamás hubiera imaginado encontrarse con alguien de esta familia mientras esperaba el autobus, y mucho menos enredarse con él en una peligrosa obsesión mutua que ambos sabían que no era amor pero no podían parar de confundirlo on ello.
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