Supongo que toda historia tiene un principio. O, al menos, debe empezar por algún sitio. Algún punto de partida. Bien, esta no.
Esta historia se remonta cientos de millones de años atrás. Con la aparición de los primeros humanos, de las primeras tribus, las primeras pinturas rupestres y los primeros rituales funerarios. Con las primeras lunas, los primeros tótems, los primeros chamanes, y las primeras mujeres. Pero sobre todo, las primeras mujeres que prestaron la suficiente atención a las fuerzas de la naturaleza como para hacerlas suyas.
Después, continúa con sus descendientes, cientos de miles de años después. Aquellas que los hombres decidieron quemar en gigantescas hogueras.
Pero no hablamos de ellas, no; sino de las otras mujeres, las que observaban. Aquellas que contemplaban, con el rostro ensombrecido, cómo las otras se retorcían de dolor entre las llamas.
Porque ellas sabían ocultarse.
Y aún hoy, en esta historia, siguen vivas. Su sangre corre por las venas de algunas desgraciadas con un poco de suerte. Entre nosotros, se ocultan entre las sombras, entre el gentío; mujeres normales y corrientes que caminan por las calles, que montan en metro, que cogen el autobús, que cocinan, que rompen platos, que estudian, que trabajan, que tienen hijos, que disfrutan de su sexualidad, que gritan, que bailan, que viven.
Están vivas.
¿El ser diferente es una maldición? yo no decidí ser así, ¿por que no podemos simplemente ser libres? no hemos hecho nada malo al mundo solo existimos.
En este mundo la pureza no viene de como luces sin no de tus acciones.
En un inicio el paneta solo era un montón de tierra y agua vacía a lo que la luna y el sol en una danza de amor y pasión donde se recorrió toda la tierra y con cada paso que daban, formando se así a lo que hoy conocemos. En este baile la luna se enamoro del sol. El sol que no sentía ni una pizca de algún sentimiento por ella; huyendo de ella con cada amanecer y atardecer, alejándose eternamente de ella. La luna llorando, cayendo sus lagrimas a la tierra formando seres los cuales se reflejaban en su pelo y ojos blanco como la nieve.
El sol al ver la creación de la luna, en un ataque de celos, tomo una daga y se apuñalo derramando su sangre en un arcoíris. Creando seres con cabellos de diversos colores acompañas de ojos tan divinos como joyas, contando con una gran fuerza física y habilidades fuera de lo imaginable para simples seres mortales.
Los años pasaron y con estos las diferencias se notaban cada vez más, dando así a diferencias y disgustos. Trayendo consigo guerra y muerte. Escondidos de esto los hijos del sol viven entre nosotros.