Cuando hablamos solos, no necesariamente estamos solos. Me gusta mucho creer que somos polvo de estrellas y se que cuando hablo sola, en realidad le estoy hablando a ellas. Tan lejanas y su brillo aún llega a pesar de que tal vez estén muertas.
Quiero encontrarte a ti, persona que también le susurra a las estrellas, que también le cuentas tus miedos, tus alegrías, tus traumas, tus lágrimas, tu vida.
Y si no lo haces, qué es lo que esperas? Nunca es tarde para susurrarle a las estrellas.
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