Aprendió a amar, pero más impactante aún, descubrió lo que era sentirse amado. Izana no tenía miedo a la caída, pero sí temía perder lo único que había logrado hacerle sentir humano. Su amor era feroz, desesperado, tanto que solo sabía demostrarlo de formas incompletas, torpes y desbordadas. Pero en su última hora, cuando todo se redujo a un instante, un susurro apenas perceptible ocupó su mente. Ella. Siempre ella. 🤍🎴
More details