Muchas veces cuando leemos nuestro libro favorito, pasa ese momento totalmente inesperado, en el que a la autora le entra su aire psicópata criminal y ¡Bam! Pasan muchas cosas, como:
• Mata a tu personaje favorito. ( o algo parecido).
• Lo deja inválido. (no estaba muy lejos de estarlo).
• Mata a su pez dorado.
• Hace que pierda su examen de matemáticas.
• Hace que la chica que le gusta se fije en otra persona, se case con ese otro y ya son felices para siempre con un perrito y dos patos.
Entonces la vida del chico es tan caótica, que nos tiene a nosotros como lectores gritando a las tres de la madrugada pidiendo justicia por nuestro chico, que no se merece tanto. Pero la historia no es tuya, así que no puedes cambiar nada de la trama si a la autora no le da la gana. Pero hay una cosa que no puede cambiar.
¿Han leído esas historias donde la autora de pura casualidad logra entrar al mundo que se creó y termina conviviendo con sus propios personajes y entenderlos en todo? Si, bueno. Este no es el caso.
O tal vez lo sea. Pero totalmente diferente.
Aquí no es la autora quién logra entrar a la historia, no. Es el personaje principal quién logra salir y la enfrenta en la vida real. Loco, ¿no? Pues ya era hora que alguien la enfrentará y dijera,
¡Hey, Ya dejó de ser ficción! Ya no sigas acabando con mi vida, déjame respirar tranquilo.
¿Y quién mejor para decírselo que el propio personaje afectado? Pero como no todo resulta como lo planeas y esto abarca tanto en ficción como en la vida real. Algunas cosas acaban saliéndose de control.