«...por primera vez en su vida había sentido lo que es la calma».
Bakugou Katsuki siempre ha sido muy temperamental, eso todos lo tienen claro. Sobre todo, Izuku. Ochako Uraraka siempre ha sido muy obediente y femenina, llena de vestidos rosas y perfectas calificaciones. Entonces un día como el típico cliché, el chico nuevo se fija en ella y todo cambia. Sus notas bajan de un diez a un ocho, su mente se abre de par en par, su paciencia disminuye y todo lo que cree que es bueno, se vuelve tóxico de repente. Y todo porque en quince años nadie, jamás, le había enseñado a volar por su cuenta. Cuando ambos son obligados a convivir, eso frustra los planes de Ochako, pero para Katsuki, aquello es como una anestesia.
En un internado católico, donde los novios no están permitidos, es sumamente difícil que Ochako conquiste a Izuku, "el amor de su vida". También, es muy difícil que Katsuki, le confiese sus sentimientos a la cara de ángel, pues ésta, está traumada con el imbécil de Deku. Lo picante y lo dulce definitivamente no es buena combinación. ¿Podría surgir algún romance entre estos dos?
Fukishima Aiko tenía un plan.
Mentira.
No tenía ningún plan. Ni propósito. Ni pasión. Solo un apellido que pesa demasiado, un pasado que no se habla en voz alta y una habilidad peligrosa que aparece cuando más quiere esconderse.
Lo único que sí tenía claro era que no quería ser una heroína. Ni un modelo a seguir. Ni parte del brillante y perfecto mundo de su familia.
Así que, por supuesto, termina aceptada en la U.A.
Su estrategia: arruinarlo todo antes de que alguien le exija ser algo que no es.
Su error: subestimar cuánto molesta eso a ciertos compañeros.
Sobre todo a Bakugou Katsuki.
Explosivo. Exasperante. Todo lo que ella detesta... y todo lo que empieza a hacerle perder el control (emocional, claro. ¿Qué más?).
Aiko no busca redención. No busca amor.
Pero cuando el chico que más la odia empieza a verla con otros ojos, y cuando sus propios muros empiezan a romperse desde dentro...
Tendrá que enfrentarse a la posibilidad de querer más.
Más que una salida. Más que rabia. Más que todo lo que juró no necesitar.
Y, maldita sea, puede que ese "más" tenga el cabello rubio y las manos llenas de fuego.