Mascando Chicle

Mascando Chicle

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WpMetadataNoticeLast published Tue, Apr 21, 2015
«–No me queda nadie. Estoy sola en este infierno que se hace llamar mundo —dijo al despertar, sin advertir la presencia de un chico a su lado. […] –No estás sola. Ella levantó una ceja con desconfianza. –Ah, no? –No, me tienes a mí. –¿Tú? ¿Qué sabes tú de mí? Somos completos desconocidos. […] –Eva Tanner, eres la alumna más brillante que pasó por el instituto desde su construcción. Eres una rebelde, y actúas fría y distante para que no te hagan más daño del que ya sufriste. Por dentro eres una persona maravillosa, y las dos últimas semanas lo demuestran. Estás cambiando, la sociedad te está abriendo hacia los demás. Tienes un lado muy pervertido. Te gusta bailar y correr. Tocas la flauta travesera y cantas como los ángeles. Compones pequeñas canciones y la música es tu vida. Y sobre todo, tienes la manía de vivir mascando chicle. –Vaya... —dijo Eva tras una pausa. –No acabé —dijo él captando su atención—. Me gustas mucho.»
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Aciago

A veces, la vida duele más de lo que las palabras pueden explicar. Ella lo sabía bien. Cada mañana era una lucha contra sus propios pensamientos, una guerra silenciosa en la que siempre salía herida. La ansiedad la estrangulaba desde dentro, y el mundo a su alrededor parecía indiferente. Nadie imaginaba que detrás de su mirada vacía se escondía un infierno: el monstruo que vivía bajo el mismo techo, le había robado la inocencia y la calma. Una tarde, todo colapsó. En medio de un ataque de pánico en los pasillos del instituto, cayó al suelo temblando, incapaz de respirar. Un chico de mirada intensa y silenciosa, que no dijo nada pero se arrodilló a su lado y le sostuvo la mano. Había algo en él... una oscuridad parecida a la suya. Lo que no sabía era que aquel desconocido no era cualquier chico Cargaba con sus propios demonios, cicatrices invisibles que lo hacían diferente a todos los demás. Y sin saber por qué, decidió que quería ayudarla. Porque a veces, las almas rotas se reconocen entre sí.

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